La fiebre de las secuelas: campañas con mensaje y precios históricos en taquilla

Rentabilizar la ausencia en el gran retorno a la moda

Adrian Grenier quizás no participe en la esperada continuación de El diablo se viste de Prada, pero ha sabido sacar partido de toda la expectación generada. El actor, que dio vida a Nate, el cuestionado novio de la protagonista en la cinta original, se ha dejado ver esta semana en un llamativo anuncio de Starbucks. La premisa de esta nueva campaña, diseñada para promocionar la gama de bebidas Energy Refreshers, es francamente simple: transmitir pura “buena energía”.

Con un tono marcadamente socarrón, Grenier arranca el vídeo haciendo alusión a los titulares de la prensa y asume abiertamente que nadie le ha pedido formar parte de la secuela. Lejos de mostrarse molesto, propone un brindis por aquel joven que preparaba sándwiches estupendos pero que, a la hora de la verdad, demostró querer a su novia solo hasta cierto punto. Su veredicto para los espectadores es directo y desenfadado. Sugiere dejar a Nate encerrado en el año 2006 y mantener la actitud positiva, no sin antes soltar una última indirecta dejando claro que, si deciden llamarle, tiene la agenda completamente libre.

Esta simpática pieza publicitaria aterriza apenas un mes después de unas sinceras declaraciones del intérprete en Page Six. Entonces ya intuía que su descarte podría tener una relación directa con la creciente animadversión que su personaje ha ido despertando a lo largo de las últimas dos décadas. Reconoció su evidente decepción por quedarse fuera del proyecto, que llegará a las salas el próximo 1 de mayo reuniendo a pesos pesados de la talla de Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci. Ya en el año 2021, el propio Grenier compartió con Entertainment Weekly su profundo asombro al ver las críticas feroces y los memes que circulaban por internet. Confesó que, debido a su inmadurez personal en aquella época, no había sido capaz de percibir el enorme nivel de egoísmo de Nate ni su nulo apoyo hacia el ascenso profesional de Andy.

El precio de la expectación: un viaje a Arrakis sin precedentes

Mientras algunas figuras del celuloide logran monetizar su exclusión de la gran pantalla mediante ingeniosas estrategias publicitarias, las principales exhibidoras de cine han optado por exprimir el fanatismo del público hasta límites insospechados. El ansia por disfrutar de los regresos más esperados tiene un coste cada vez más alto para los espectadores. En este sentido, la inminente conclusión de la epopeya espacial Dune ha marcado un verdadero punto de inflexión.

Todavía faltan más de ocho meses para que la obra escrita y dirigida por Denis Villeneuve estrene su tercera y última parte el 18 de diciembre. Las dos primeras cintas, lanzadas en 2021 y 2024 con Timothée Chalamet y Zendaya al frente, ya figuran por méritos propios entre los trabajos más aclamados de la presente década. Buena parte de los aficionados consideran que estamos ante una de las mejores franquicias en toda la historia de la ciencia ficción, lo que justifica de sobra la inmensa expectación que rodea a este cierre narrativo. Semejante revuelo, como era de esperar, no ha pasado desapercibido para las grandes cadenas.

El pasado lunes salieron a la venta las primeras localidades para los pases de apertura en formato IMAX de 70 milímetros en varias ciudades seleccionadas. Al día siguiente se habilitaron nuevas sesiones en horario nocturno para intentar abarcar la enorme demanda. La avalancha de compradores fue totalmente inmediata, desencadenando un auténtico caos tras un breve aviso de apenas media hora publicado en las redes sociales. Al intentar asegurar sus asientos con prisa, los espectadores se toparon de bruces con unas tarifas nunca vistas.

Los clientes abonados al programa Regal Unlimited descubrieron en plena pasarela de pago que las ventajas de su suscripción, por la que desembolsan entre 21 y 28 dólares mensuales, quedaban completamente anuladas para estas proyecciones. Es un movimiento insólito dentro de la industria. Hasta este momento, las restricciones en los pases ilimitados se aplicaban única y exclusivamente a eventos especiales programados por terceros, esquivando siempre los grandes estrenos de cartelera. Como consecuencia de esta nueva política, estos usuarios habituales han sido relegados a pagar la tarifa general sin ningún tipo de bonificación.

El lujo inmersivo de los 70 milímetros

Acudir a la noche inaugural de Dune: Parte Tres en una sala IMAX de 70 milímetros perteneciente a la cadena Regal supone actualmente un coste de 50 dólares, a los que es imperativo sumar cinco dólares adicionales en concepto de gastos de gestión. Las sesiones del resto del primer fin de semana mantienen una tarifa de 40 dólares más comisiones. Para contextualizar mejor el impacto económico de la medida, un grupo de cinco personas necesitaría 275 dólares para disfrutar juntos de la jornada de apertura. A partir del segundo día, ese mismo grupo pagaría un total de 225 dólares.

Lo habitual es que el acceso a este cotizado formato premium se tarifique a 30 dólares para cualquier otra película convencional, exigiendo tan solo un pequeño suplemento de ocho dólares a los clientes inscritos en los planes de suscripción. Por su parte, la competencia ha decidido tomar un camino diametralmente opuesto. AMC, la cadena de cines más grande del país, ha optado por mantener intacto su precio habitual de 30 dólares para esta misma experiencia inmersiva, respetando la tarifa incluso durante la solicitada noche del estreno.

Resulta pertinente detallar qué hace tan especial a este formato para generar semejante nivel de demanda y justificar esta guerra de precios. La tecnología IMAX se caracteriza principalmente por ofrecer una relación de aspecto mucho más amplia que la tradicional, expandiendo la imagen para mostrar aquello que los encuadres normales recortan. Los cines equipados con estas pantallas de proporciones gigantescas, que suelen operar en formatos 1.43:1 o 1.90:1, incorporan además unos potentes sistemas de sonido que envuelven al espectador. Dentro de este universo tecnológico, la variante analógica de 70 milímetros representa el máximo escalafón de calidad. En lugar de emplear archivos digitales estándar con resolución 4K, la película se proyecta iluminando unas enormes bobinas físicas originales. Este proceso analógico dota al metraje de una textura sumamente rica y proporciona un nivel de nitidez que, a día de hoy, resulta inigualable en el mercado doméstico.